PARA DESPERTAR, CIERRA LOS OJOS

¿Cómo encontrarnos a nosotros mismos? ¿Será acaso importante? Espero estas reflexiones de una tarde de verano puedan apoyar nuestro crecimiento.

Nuestros pies en la tierra, conectados con la naturaleza y con el cielo… Escucha tu silencio.

Hace unos días participé en un encuentro en el que se habló de la “consciencia” en cuanto a la parte interior, la más íntima de nosotros mismos. No en cuanto a la parte moral (conciencia) sino de ese ámbito interno de nuestro ser que raramente visitamos.

El ponente, Gustavo Aceves, habló del “despertar”. A mi mente vino el budismo, el nirvana y el camino que millones de personas han hecho a lo largo de la historia en esa y en otras filosofías o religiones que pretender apoyar al ser humano en la búsqueda de lo auténtico. Pero no me quedé ahí.

Hablamos también de la meditación, de ese espacio personal que permite un encuentro con aspectos que incluso desconocemos de nosotros mismos.

Y en esos 120 minutos en los que estuvimos escuchando, dialogando, creciendo… se fraguó esta frase: “Para despertar, hay que cerrar los ojos”. No soy el primero que la dice, pero sinceramente puedo decir que la sentí como una luz que llegó directamente a mi interior.

Es imposible escuchar el silencio en medio del ruido, de la confusión. Estoy convencido que todos necesitamos no sólo tiempo sino una disponibilidad interior para crecer en la búsqueda de lo auténtico.

Y al cerrar los ojos, podemos descubrir que no estamos solos, que formamos parte de una trama que nos supera en tiempo, espacio, en todas las dimensiones, como toda la naturaleza, podemos (y debemos) estar solos, pero jamás aislados.

En ese espejo interior, percibimos lo que nuestro cuerpo no puede sentir.

Como anécdota, mi papá cuando se quedaba medio dormido y empezaba a cabecear en alguna reunión y le daban con el codo para despertarlo, decía: “No estoy dormido, estoy mirando para adentro”.

Esto nos lleva a pensar en el famoso y siempre desafiante Oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”.

El ser humano ha llegado muy lejos en el espacio, las sondas Voyager ya están fuera del sistema solar, hemos explorado grutas profundas y el fondo del mar, aparentemente caminamos grandes distancias, pero siempre estará el reto de buscar dentro de nosotros mismos esas aguas profundas que nos definen. Es un camino para recorrer solos, con nuestros seres amados, con quienes tenemos desencuentros y por qué no, con la ayuda de expertos.

El Espíritu se manifiesta donde quiere, pero el silencio ha sido siempre un espacio privilegiado. Quien escribe, el amante que plasma en el papel esas palabras mágicas (ya no se usa mucho); de manera particular el escritor escudriña la historia y recorre caminos de fantasía, medita y reflexiona sobre la vida… y mil cosas más, es alguien que de manera muy particular tiene ese espacio en el que toda la persona se concentra en ese hilo de tinta que se convierte en pantalla de proyección para compartir lo que la vida dice y que permanece. Lo que sólo decimos “vuela”, ya lo decían los antiguos, “verba volant, scripta manent” (las palabras vuelan, lo escrito permanece)

Aprovecho para compartirles que con el apoyo de Jaime Gómez Castañeda, próximamente publicaré un libro con textos orientados precisamente a apoyar el crecimiento de las personas, el tuyo, el mío, el de todos. Pero ya habrá tiempo para propaganda… Saben que cuentan conmigo para apoyar sus procesos de crecimiento integral en este mundo en el que nos queda tan poco “silencio creativo”. Gracias a quienes por varias décadas me han permitido acompañar su caminar.

¿Te estás durmiendo o estás despertando?

Encuentra esta y otras entradas con propuestas de formación integral, en nuestra página: somosbuhay.com


Deja un comentario