LA FORMA DE LOS SABORES

Si te quedas sin poder percibir los olores y sabores no solo se te olvida que existe una diferencia entre un “olor” y un “aroma”; puedes sentir que ya es lo mismo un ” manjar” que cualquier “comida”…

Si te resignas tal vez ahí te quedas.

Pero si, -como traté de hacer yo- empiezas a dejar que tu mente vuele, entonces empiezas a encontrarle forma a los sabores.

¿Has probado la redondez de un puré de papas? ¿Te has detenido a paladear, literalmente un café? Parece a primera vista agua insípida, pero en realidad es como un tobogán que se mueve, resbalándose lleno de calor, de la misma manera que lo hace el agua de limón llena de vitaminas, y frescor.. ¿Y el chile? Fue la segunda cosa que probé para ver si había perdido uno de los sentidos: simplemente lloras porque el cuerpo sabe lo que recibe y sientes ese calor y lágrimas del enchilado, y lo dejas correr. Se da un salto en donde la lengua pierde su turno y se conecta en paralelo el picor con el cerebro.

Una de mis hermanas sabe qué tanta sal tiene una comida con solo olerla; pero cuando tienes que revisar dos o tres veces que el gas de la estufa está cerrado porque ni eso sientes, entonces rocías tu nariz, y con la brisa de esas gotitas que le salen a las cáscaras de naranja cuando las doblas, sabes que son cascadas de salud;  y ves puntos de dulzura en los gránulos de la pulpa de pera y en la fibra de la piña.

Las zanahorias cocidas son como hilos, o mejor cuerdas que se entretejen.

Así como la música se mira en un vídeo, aunque tenga el volumen en “mute”, de la misma manera, si te decides a disfrutar lo que tienes, desde que sientes la delicadeza de la cáscara de plátano sabes que la pulpa será una caricia para tus dientes, aparentemente fríos e insensibles.

Pero lo mejor han sido los molletes de queso con salsa roja: tienen forma de caracol, una espiral que mezcla las líneas del queso fundido con los círculos de las semillas de chile que se sienten rojos, alternándose con la ternura del migajón y la rigidez del pan.

Un sobrina a quien le di a leer el borrador de este texto añadió: “Y algo que me dejó maravillada, es saber que los sabores me dan sensaciones, o sea, no me sabía nada, pero me daba cuenta de la sensación que me daba un limón, de la sensación de un té, la sensación de una sopa de fideo, cada alimento da una sensación en tu boca ¡y eso fue extraordinario!”

Me gustaría probar, con estas “capacidades diferentes” los hongos de Maria Sabina tal vez así pueda aprender a dejar que lo convencional salte su turno, y pueda entrar en otra dimensión.

¿Y los de por sí insulsos chayotes? Esos saben a puro amor, si quieren saber, otro día me preguntan porqué…

Gandi Jiménez . Copyright Gerardo Antonio Díaz Jiménez. Enero 22 2021. Puede usarse sin fines de lucro citando la referencia. gerantoniodiaz@gmail.com.

Molletes con queso y salsa roja

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