UNA ALBERCA, UN RANCHO Y LA VIDA

Dos experiencias muy diferentes pero igualmente reveladoras, y una propuesta de elementos para llegar a tus metas y cumplir tus sueños.

Estanque en el rancho
Un lugar idílico para pasar una tarde

Apuntes sobre el “qué, el “cómo” y el “cuándo” en la vida – Pistas para armonizar la abundancia y la alegría.

¿Cómo o qué podemos hacer para que lo que deseamos suceda? ¿Por qué a veces se cumplen los sueños de algunas personas y otras viven vidas enteras sin que aparentemente logren algo o se quejan que nunca les toca nada? ¿Qué podemos entender acerca de cómo funciona el mundo?

Sin pretender afirmar que tenemos las respuestas a todas las preguntas, doy inicio a estas líneas con la experiencia de dos personas con sueños muy dispares, luego propongo un salto para ubicarnos en nuestro presente.

UNA ALBERCA

Iniciamos con la persona más joven: antes de las vacaciones de Semana Santa de este 2026 nuestra hija Genesis de 11 años expresó su deseo de ir a un hotel con alberca en las vacaciones. Siempre le ha gustado un hotel en Guadalajara: El Hotel Malibú; este lugar quedó en la lista de sus gratos recuerdos precisamente porque tiene alberca. En estas vacaciones, más que un hotel le interesaba nadar y parecía que la opción más viable para cumplir este deseo era ir a un hotel con alberca.

Le dijimos que iba a estar difícil ir a un hotel, pero que lo escribiera en nuestro chat familiar de Whatsapp donde anotamos los pendientes que tenemos en común y en nuestra cartulina azul de deseos. Así lo hizo.

Nosotros no teníamos presupuesto para una o dos noches de hotel en esos días. Había pagos importantes que realizar; nuestros ingresos se habían reducido en las últimas semanas por cuestiones de salud y pensar en destinar $3,000-4,000 para un hotel, a lo que habría que añadir los gastos colaterales de comida, transporte y los piquitos que salen parecía poco responsable. Pero nunca dije que no iba a pasar. No era mi intención matar sueños y en mi mente la utopía no está peleada con el realismo.

El miércoles de la Semana Santa me presentó una hoja de papel escrita a mano con una lista de hoteles con alberca cercanos y sus relativos costos. Me dio gusto ver eso y seguí sin prometer nada e insistiendo en mantener la meta firme.

Jueves y Viernes Santos nos recordó su deseo, y añadió alguna otra opción de hoteles. Le dije que insistiera, pero yo no prometí nada.

“Y aquí empieza lo interesante”:

El Sábado Santo por la tarde recibí la llamada de un primo que nos invitaba a pasar el día siguiente, “Domingo de Pascua” en Abasolo en un rancho con alberca de aguas termales en compañía de otras pequeñas niñas a quienes Genesis nuestra hija quiere mucho, que son coetáneas y al mismo tiempo sus sobrinas; las vacaciones de Navidad, Verano y Semana Santa son pretexto ordinario para ir a Irapuato y pasar unos días con ellas pues invitan a Genesis a su casa.

Cuando recibí la llamada nos estábamos preparando para ir a la Vigilia Pascual. Lo dialogué con ella y con mi esposa y decidimos salir el Domingo de Pascua temprano para Abasolo, con maleta lista para permanecer varios días, “por si acaso”.

Y así fue que Genesis tuvo un domingo completo de alberca. De hecho se quedó en casa de sus queridas coetáneas unos días más (ya sin alberca) hasta el viernes.

Me parece importante subrayar que hace algunos años tuvimos una experiencia similar en una Semana Santa en la que Genesis quería ir al mar y lo que teníamos planeado era ir a la Ciudad de México… Sally mi esposa necesitaba renovar su pasaporte y no había otra opción para este trámite que la embajada de Filipinas en la Ciudad de México. Es evidente que lo más cercano al mar desde la ciudad de León Gto. es en dirección al Océano Pacífico, no en la dirección opuesta. Ir a Ciudad de México no es la mejor ruta para ir al mar desde nuestra ciudad.

Lo que pasó en esos días es que la amiga filipina que nos dio hospedaje en la Ciudad de México tenía planeado ir a Veracruz con su grupo de oración cristiana saliendo el miércoles de la semana de Pascua en avión, para alcanzar a sus amigos que habían salido para Veracruz el lunes de Pascua. Dialogamos y en pocos minutos cambió el panorama: sus suegros nos darían hospedaje, la amiga filipina pagaría las casetas de la carretera, nosotros la gasolina y fue así que sin haberlo planeado, el miércoles estábamos en Veracruz. Un punto que me llamó la atención es que se cumplieron las metas: Sally mi esposa renovó su pasaporte y Genesis tuvo su mar. Nos metimos un rato al mar por la mañana; al inicio de la tarde tuvimos que salirnos del agua pues había un norte que provocó vientos muy fuertes y el mar estaba muy picado. El ejército nos notificó que estaba prohibido permanecer dentro del agua. Obedecimos pero “lo bailado nadie nos lo quitó”.

“Genesis tuvo su mar”. Y como familia, metas cumplidas contra todas las expectativas iniciales.

¿Qué decimos en esos casos?: “Las cosas se dieron…”, “No supimos como fue exactamente pero llegamos al mar…”, “Las cosas se fueron dando”, “No sé de dónde salió pero llegó…” y frases similares.

Hasta aquí dos historias de la pequeña Genesis.

Vamos con el segundo ejemplo:

UN RANCHO

En días pasados hemos sido, y seguimos siendo testigos de que “Próspero y su esposa Letizia” por años habían estado deseando tener un rancho. Y no excluyo a su joven familia que se unió al proyecto a lo largo de los años. Los dos, desde que eran novios habían tenido proyectos y realizado actividades en ranchos, con borregos y en ambientes similares.

No quiero robarles la palabra y ellos podrán corregir estas líneas pues sólo ellos conocen todos los detalles. Espero no incluir imprecisiones graves.

Querían un rancho. Y me parece poder decir que de alguna manera ya lo tenían pues desde hacía varios años habían hecho acuerdos formales con el propietario de una propiedad para que estuvieran al pendiente de miles de árboles de olivo que ya tenían años de historia; además, ellos tomaron la iniciativa de criar cerdos y bovinos y sembraban otros cultivos. No era de ellos, pero todo parecía indicar que esos terrenos con sus fincas respectivas podrían pasar a ser de su propiedad en un futuro no muy lejano.

Parecía claro que el siguiente paso era concretar una compraventa en algún momento; ahí invirtieron tiempo, energías, dinero y muchos kilómetros por varios años. Ahí se realizó más de alguna celebración familiar y con amigos. Pero la persona que era propietaria decidió dividir la propiedad con sus hijos y ese proyecto se concluyó inesperadamente y en poco tiempo, pues los hijos tenían otras intenciones para sus recién adquiridas propiedades.

De hecho la vida de Próspero, -un ingeniero con conocimientos en muchos ámbitos de la vida, había girado en buena parte alrededor o dentro de ranchos y granjas: llevó adelante un proyecto de cría de avestruces en un proyecto, de borregas y borregos en corrales prestados en otro con Letizia para completar los gastos de la boda; cría de cerdos en S. Roque de Montes, muchos de los cuales terminaron su existencia en un cazo de carnitas para completar gastos personales y colegiaturas; este joven también dio su apoyo en otros proyectos de mantenimiento y asesoría en varios ranchos. Tenía y sigue teniendo un amplio acervo de conocimientos teóricos acompañado de una vasta experiencia literalmente “en campo”.

“Y aquí llega lo interesante”: Próspero y Letizia querían un rancho, había un proyecto a mediano plazo, parecía que todo se estaba dando y de improviso se perdía dejando la acariciada meta volando pero…

Casi de manera contemporánea a la pérdida del proyecto del rancho de los olivos, el propietario de un rancho adyacente le ofreció a Próspero y Letizia hacer un traspaso de su propiedad, un terreno nada despreciable de unas 12 hectáreas. Sus hijos no parecían interesados en tener esa propiedad. El propietario amaba su rancho y quería verlo prosperar.

Una oportunidad ya aparentemente consolidada se iba, -el rancho de los olivos- y otra inesperada aparecía en el horizonte.

Pero en ese momento no había dinero para pagarlo: «Me lo vas pagando, ahí hay árboles para venta…». Como sus hijos no estaban interesados en esa propiedad y él le tenía mucho cariño a la misma, consideraba que no podía quedar en mejores manos que las de Próspero, Letizia y su familia. Ya se conocían entre ellos pues habían hecho negocios con árboles de invernadero que esta pareja emprendedora comercializaba en su empresa familiar.

Y así se iniciaron los pasos para formalizar la compraventa al punto de permitirles afirmar en un ámbito familiar más amplio: «Habemus rancho» -Habemus villam debería ser para usar latín propiamente, pero dejemos los latinajos y vamos a lo que me parece esencial.

¿QUÉ VEMOS?

1.- Necesitamos metas claras, objetivos definidos.

Es preciso tener un «QUÉ» muy concreto en el horizonte. En los dos casos presentados lo vemos muy evidente: una alberca, una ida al mar en el caso de la pequeña, y un rancho al flanco de una empresa dedicada a cuestiones de mantenimiento y construcción de jardines y áreas verdes para Próspero y Letizia. No hay proporción entre un día en una alberca y un rancho pero tal vez los principios de fondo son los que cuentan.

Lo esencial en este punto parece ser: “tener una meta”. Es preciso superar la rutina del hámster que puede pasar buen tiempo dando vueltas y vueltas en una rueda, y llegar a la fase de soñar, tener metas, pequeñas y grandes que nos saquen de ese círculo que sí, como a los hámsteres nos mantienen ocupados, pero que aparte de consumir nuestras energías y nuestro tiempo no tienen otro beneficio que el del ejercicio hecho.

Para una niña de 11 años un día en una alberca, una ida al mar es algo muy significativo, es una meta digna de su edad para un período vacacional. A este punto vale la pena añadir que quiere para un futuro cercano “una casa con alberca y tres baños”. Uno para ella y su mamá, otro para su papá y otro para los huéspedes.

Como nota simpática me viene a la mente el sueño del protagonista de la película “Un Violinista en el Tejado” en la que Tevye (Tobías) el anciano le reclama a Dios su pobreza frente a la riqueza de otros y en sus monólogos dice: “Si yo fuera rico tendría una casa con tres escaleras, una escalera larga para subir, otra aún más larga para bajar y la otra que no llegara a ningún lugar nada más para presumir”. No es determinante en la película lo que pasa al respecto de la casa pues la trama va en otra línea, la de su familia. Es claro lo que él quiere y expresa todo lo que desea con la frase: “Si yo fuera rico…” seguida por la lista de deseos. Los factores externos tuvieron mucho peso en lo que pasó con su vida y la de su comunidad. Parece algo ridículo eso de las tres escaleras, pero hoy en muchos lugares públicos hay una escalera para subir, otra para bajar y otra que casi nadie usa, pero eso es otro rollo.

2.-HAZ LO QUE TOCA

Realiza acciones concretas que llevan a cumplir la meta:

En el caso más sencillo de la alberca, investigar lugares, costos, opciones, aparte la insistencia con papá y mamá; es lo que ella podía hacer. Eso fue lo que le tocaba a la pequeña que quería tener un día en una alberca. Y lo hizo.

En cuanto al rancho en buena parte la organización de la agenda de Próspero y su familia giraba en torno al rancho de los olivos; había investigación, estudios formales y puesta en práctica de los procesos para obtener aceite, crear o procurar maquinaria para esos procesos, y dedicar tiempo a los animales que iban creciendo, atender las cosechas y un largo etcétera, aunado a las actividades ordinarias de la empresa que les daba el sustento, también directamente relacionada con la naturaleza.

No es indiferente el hecho de “desear un rancho” y al mismo tiempo el de tener una empresa que se dedica a procesos relacionados con el mejoramiento del medio ambiente, creación y mantenimiento de áreas verdes… cuestiones que finalmente están relacionados con la naturaleza. Negocios e intenciones alineados. Aparte de las actividades específicas directamente orientadas a nuestra meta, hay muchas otras que “debemos” realizar simplemente para vivir, incluyendo nuestras tareas del hogar y el tiempo dedicado a estar con la familia, que muchos consideran tiempo perdido.

Con un ejemplo muy obvio: Si quieres sacarte la lotería, compra un boleto. Parece poco posible que ganes el Melate si no eliges tus números o al menos compras un Melático. O tú o alguien más debe comprar un boleto.

También aquí al concluir este aspecto pregúntate si hay coherencia entre lo que deseas y lo que haces, si hay sintonía entre tus metas y tus acciones y actitudes.

3.-EL “CÓMO” Y EL “CUÁNDO”

Nos quedan todavía las preguntas: ¿CÓMO Y CUÁNDO se concretizan las metas y los proyectos?

En ninguno de los casos presentados se concretó el proyecto que parecía más viable según las intenciones, planes y acciones iniciales: no hubo hotel con alberca ni mar en Puerto Vallarta; no se concretó tampoco la adquisición del rancho de los olivos. Ambos parecían la “solución más lógica e inmediata”, pero los hilos se movieron en otras direcciones.

Parece que podemos afirmar que misteriosamente se movieron caminos paralelos y la niña tuvo su día con alberca, su ida al mar y Próspero y su familia están en procesos para tener su rancho con todos los documentos en regla.

4.- ¿Qué más podemos decir?

Expresémoslo con una pregunta: ¿Cómo ubicarnos frente a las energías que fluyen en el universo? Creo que es evidente que no somos dueños ni creadores de las mismas, pero tampoco estamos al 100% a su merced como marionetas del destino.

Me parece ver algunos elementos con mucha claridad:

– Obstínate en el «qué», en la meta pues este aspecto depende en buena parte de ti. Pero no te aferres al «cómo» y al «cuando» como tú los ves en un determinado momento de tu vida, estos últimos dos elementos de la ecuación dependen mucho menos de ti y más de otros factores que están fuera de tu control y cambian continuamente.

-La logística y los imprevistos: Sin duda que el mundo empresarial, de negocios está regulado por ritmos, procesos y cuestiones logísticas que permiten la planeación y ejecución de proyectos; el ámbito académico está claramente regulado por los programas, y así debe ser en los ámbitos de la vida donde se pretende hacer las cosas de manera seria y organizada a nivel personal y en colaboración con otras personas.

Una empresa no puede funcionar, mucho menos sobrevivir y crecer si no tiene definidos sus proyectos, procesos, presupuestos, indicadores de rendimiento, acciones… procesos de revisión y evaluación a todos los niveles.

En cualquier emprendimiento serio, -personal, familiar, social o empresarial- debe estar claro el “qué”, tanto como el “cómo” y el “cuándo” de las acciones y procesos a realizar, desde la prospectación hasta una evaluación final y el inicio de un nuevo ciclo.

Pero los planes cambian continuamente conforme van cambiando las situaciones y la vida misma.

Que los expertos en logística me perdonen, pero mientras el QUÉ, la meta depende casi totalmente de ti, el CÓMO y el CÚANDO se escapan muchas veces o más fácilmente de nuestro control. El primero es más estable mientras que los últimos dos parecen ser más volátiles. A lo largo del proceso intervienen fenómenos atmosféricos, factores de relaciones interpersonales, leyes nuevas, y hasta caprichos, en una lista interminable de situaciones que se enfrentan y que muchas veces surgen como elementos inesperados y/o impredecibles que encontramos “por los caminos de la vida”.

Creo poder afirmar que en buena medida la tarea de los encargados de logística tiene que incluir el cómo enfrentar imprevistos y emergencias que podrían impedir el logro de las metas propuestas. Más allá de arrancar los procesos con planeaciones perfectas que hay que mantener a toda costa, en ciertos momentos la flexibilidad se convierte en virtud pues permite enfrentar lo que va surgiendo a lo largo del camino. Decía el general prusiano Helmuth von Moltke el Viejo algo así como: “Es necesario un plan de batalla pero este cambia después del primer disparo”.

Mi mamá afirmaba hace muchos años: «El que porfía, mata venado» que ya en lenguaje más actual queda: «El que persevera, alcanza», todo con orden, entusiasmo y alegría.

En los tiempos que vivimos, en esta generación del Whatsapp que pretende y hasta exige una respuesta en pocos segundos, es preciso entrenarnos y entrenar a las nuevas generaciones a la resiliencia, una virtud propia del campesino que es capaz no sólo de poner -con esperanza- la semilla en la tierra, esperar pacientemente a que brote y acompañar el proceso para que se desarrolle, enfrentando dificultades antes de ver tan siquiera un fruto. Siempre con un ejemplo de la naturaleza, si abres la crisálida para que la naciente mariposa no haga esfuerzos y pretendes darle esa “ayuda” la estarás condenando a morir. Sin ese esfuerzo, las alas quedarán arrugadas, débiles y el cuerpo hinchado e irremediablemente morirá.

DE REGRESO AL PRESENTE

¿Has vivido experiencias similares en las que tienes claro lo que quieres, haces planes, te comprometes, inviertes dinero, energías y tu hoja de ruta cambia de dirección de manera inesperada y continua? ¿Has vivido días en los que “las cosas se dieron de manera diferente a lo planeado, pero finalmente lograste tus metas”?

Detente un momento y pregúntate: ¿Podrías definir tus metas con claridad y en pocas frases? Estamos hablando de los objetivos a cualquier nivel: personales, familiares, sociales, académicos, financieros… Incluyendo las metas de vida.

¿Tienes un “qué” claro? ¿Qué dices de “cómo” y “cuándo” se han venido dando las cosas en tu existencia?

Piensa por unos instantes en tu vida, en tus planes, tus metas y lo que pasó con ellos. ¿Coincide con lo que se ha presentado en estas líneas? ¿Has tenido que ajustar el tiro en más de una ocasión, en tu vida personal, familiar, laboral, incluso como regla general? ¿Es posible que hayas desperdiciado tiempo, energías, sentimientos en direcciones contrarias a lo que te has propuesto?

Hay que decir dos cosas más que pudieran no ser tan evidentes:

– «No puedes lograr lo que no te propones». Es decir, en tu vida puedes llegar a tener mucho dinero, viajar, disfrutar mil placeres, acumular poder y bienes, pero no puedes decir que lograste tus objetivos si no eran tales. Necesitas metas para poder decir si las cumpliste o no.

Es claro que “el que no sabe a dónde ir, ya llegó”, aunque esto no sea evidente para muchos. Puede resultar más fácil simplemente vivir en el día a día con la mentalidad que los antiguos romanos expresaban con la frase “carpe diem”, significando exactamente eso, “vive al día”. Y es una opción.

– Es preciso ser coherentes. Decía un profesor (Pietro Gianola) en la materia de Metodología Pedagógica que estudié hace más de 30 años: “Si quieres lograr los fines, tienes que querer y poner los medios”. Esta frase me parece una buena propuesta para sintetizar mucho de lo que aquí hemos tratado de decir.

Personalmente podría poner muchos ejemplos de mi vida en los que estos tres factores (el qué, el cómo y el cuándo) intervienen y creo que cada uno, cada una de nosotros podría también narrar experiencias similares en su vida.

La historia universal está plagada de ejemplos en los que pequeños hechos, algunos de ellos fortuitos, cambiaron el rumbo de naciones enteras, pero esto es materia para otro momento.

Finalmente, creo que una misión que tenemos es la de dejar que la vida fluya. Que la necesaria obstinación en los fines no se traduzca en cerrazón ante los múltiples canales en los que fluye la vida. Para ponerlo como una misión y un reto: “Siempre hay una opción”. Y este hecho lo ve quien está abierto a la búsqueda. A veces esas opciones las buscamos nosotros, y a veces nos llegan.

Vivamos con serenidad nuestra vida, con metas claras, incluyendo utopías, hagamos lo que nos toca y dejemos que la vida, el universo, Dios nos sorprendan.

Atención: Ten cuidado con lo que deseas. Esta dinámica funciona para todo lo que nos proponemos como metas, incluyendo lo negativo. Y en esta línea es sumamente importante expresar las metas en positivo. El cerebro es incapaz de reconocer la palabra “no” y se queda generalmente con el mensaje que se expresa; si digo “no grites” el cerebro percibe la palabra “gritar” en primer término y esa orden enviará.

Para regresar a los párrafos iniciales, aunque parece que “hay quien nace con estrella y quien nace estrellado”, en realidad ni nuestro pasado, ni los factores externos, ni otras personas tienen toda la fuerza para determinar nuestro futuro. Algo, (¡mucho!) podemos hacer al respecto y podemos usar estos componentes de la vida como escalones o trampolines en vez de verlos como obstáculos o pretextos para detenernos. Eres tan fuerte como las dificultades que enfrentas, aunque no las superes totalmente, son tu tabla de entrenamiento.

Tengamos planes y planos claros, pero seamos conscientes que, cómo dice el poeta, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Puedes predecir el futuro construyéndolo.

El auge y la alegría no están peleados, al contrario, pueden hacer una bonita pareja, como la de Próspero y Letizia. A propósito esta última palabra viene del latín y significa “alegría” que aunque en este relato son nombres ficticios, en la realidad se llevan muy bien (la pareja y los conceptos).

¡Ánimo con la vida! Tenemos la esperanza de que mañana también saldrá el sol y tendremos nuevas oportunidades. Aunque nacimos de uno por uno, no estamos solos en nuestro caminar. Si somos capaces de compartir los planes, los procesos y los frutos, -en los tiempos y con las personas adecuadas-, disfrutaremos el viaje de la vida y daremos nuestra contribución para dejar a las nuevas generaciones un mundo mejor del que recibimos de nuestros padres.

“Podemos invitar a que, sea lo que sea, penetre en nuestro ser; pero si así no lo hacemos, no podrá ni siquiera penetrar” (R.W. Trine, En armonía con el infinito.) Gerardo Antonio Díaz Jiménez – Copyright 2026 gerantoniodiaz@gmail.com Puede reproducirse citando la referencia. www.somosbuhay.com


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