¿POR QUÉ MÉXICO NO PUEDE?

Síntesis: Hay países que progresan y otros que no. En dos páginas, presento primero una mirada a un país (Nueva Zelanda) que ha dado y sigue dando pasos que lo colocan entre los que tienen índices de desarrollo y calidad humana más altos en el mundo y otra mirada a México con elementos para el análisis y la reflexión.

Cuando un mexicano viaja al extranjero o vive en otro país, respeta los señalamientos de tránsito, recicla la basura, paga su boleto de autobús… como cualquier otro ciudadano o habitante de otras tierras. ¿Y eso hace siempre en todos los lugares?

Me estaba resistiendo a escribir porque me parece que ya se ha dicho mucho sobre este tema. Pero como mexicano que deseo que mi país progrese y que mi hija viva en un ambiente mejor del actual, ejerzo el derecho que tengo de hablar. Y espero que alguien lea a este despistado…

En estos momentos estoy en el extranjero, para ser más preciso en Nueva Zelanda, pero como muchos otros millones de mexicanos que hemos viajado, hemos visto que sí es posible vivir en una realidad diferente.

Sin tachar a nadie de ignorante, pero menciono sólo algunos ejemplos de lo que sucede en muchos otros lugares: los autobuses tienen un horario escrito en cada parada y generalmente pasan a tiempo, por lo que puedes organizar tu viaje; los límites de velocidad no son una opinión y las autoridades te envían en tiempos breves una foto con tu vehículo si te pasas del límite (aunque sea “poquito”); la renta se paga deduciendo el pago de tu tarjeta de nómina y pagas en general un 30% de impuestos sobre tu salario… Y tienes un buen salario aunque te dediques a podar el pasto, seas chofer de taxi o cajero/a en una tienda; la basura se recicla y los ciudadanos comunes reciben un beneficio por ello…

Y la lista de cosas y situaciones que son diferentes es enorme hablando del sistema de asistencia social y salud, vivienda…. No tienes que hacer cola horas interminables en el IMSS porque el médico en el que tu familia tiene confianza puede atenderte y quien paga la consulta es el sistema social de salud, junto con la medicina que vas a surtir a cualquier farmacia. Y tenemos la tentación de catalogarnos como “malinchistas” si hablamos mal de México, pero no quiero hablar mal de mi patria, mi intención es otra.

Mi intención es provocar una toma de conciencia y dar sugerencias de paso concretos:

– Aunque parezca extraño, estoy de acuerdo con Peña Nieto cuando afirma que la cultura del mexicano es una cultura de corrupción. Esto no significa que lo tengamos “en los genes” o que sea algo con lo que los mexicanos nacemos y que tengamos como parte de nuestra naturaleza, ¡Eso no, por favor! La cultura, esa huidiza realidad que incluye costumbres, símbolos, tradiciones, formas de hacerlas cosas y que va más allá de las enchiladas y el mole, al mismo tiempo que la recibimos de generaciones anteriores, la transformamos y la transmitimos a las nuevas generaciones. Y efectivamente vivimos en una “cultura de corrupción, impunidad y en muchas ocasiones de irresponsabilidad o valemadrismo”. Pero los mexicanos no somos corruptos por naturaleza;

– Me parece sumamente grave es que tomemos la situación actual, el statu quo, así como es, como algo “normal” y peor todavía, que ni siquiera nos podamos imaginar una realidad diferente… y las razones aquí nuevamente son muchas: “porque siempre le hemos hecho así”, “porque así nos conviene a todos”. Cuando un gobernante corrupto roba y queda impune, le está diciendo al ciudadano común que también él/ella lo pueden hacer: “Tú me dejas en paz y yo te dejo en paz a ti”. Y parece que estoy escuchando decir que “tú robas poco y yo robo mucho (o poquito como dijo el político nayarita)”, pero en final de cuenta todos estamos embarrados del mismo lodo y no me puedes reclamar nada, porque tú también eres corrupto y no respetas las leyes. La inconformidad es un buen signo, aunque no sea suficiente;

– Los sociólogos dicen que los cambios culturales toman tiempo, generaciones enteras… y eso me da miedo. ¿Será que estamos condenados a no poder imaginar ningún cambio en el futuro próximo, precisamente por esas leyes sociales que nos impiden dar saltos de calidad en tiempos breves? Si no podemos cambiar y ni siquiera es deseable cambiar “toda la cultura” de un solo golpe o adoptar por conveniencia o por imposición normas y maneras de actuar de otras naciones o culturas, sí es posible pensar y caminar hacia los ideales que pretendemos alcanzar. Pero es preciso dar pasos concretos, día con día, ley con ley, conciencia por conciencia. Una autoridad del municipio de León me dijo que para enseñar a la gente a reciclar la basura eran necesarios tres años (¿será tan difícil distinguir el plástico del papel, lo que se echa a perder de lo que no?);

– No necesitamos tener “una mejor educación” así, como algo mágico que resolverá todo. Aunque parezca un juego de palabras, pero es absolutamente necesario cambiar los principios inamovibles sobre los que se fundamenta nuestra educación. No sólo nuestro sistema educativo, sino el mismo aparato social político y religioso están hechos para preservar las instituciones así como están. Y por mucho que quieran hablar de “reformas educativas o institucionales”, siempre tendrán como premisa el salvaguardar a las instituciones, defender las castas políticas y los privilegios injustificados de organizaciones políticas, líderes sindicales, autoridades religiosas…;

Por quedarnos en el ámbito educativo, es perfectamente discutible si los padres de familia tienen derecho a opinar o no sobre la educación que imparte el estado y si les tienen que enseñar o no sexualidad en la escuela a los niños o no: “¡Discutámoslo!”; es perfectamente discutible si la educación debe ser laica o no, como sucede en otros países: “¡Discutámoslo!” Y debe absolutamente discutirse si en México un trabajador tiene derecho a ganar en ocho horas de trabajo (salario mínimo) lo que en otros países ganan en una hora o menos. ¿Por qué no podemos discutir sobre ello? Porque la ley, hecha por quienes ostentan el poder está hecha para que Juan Pueblo no pueda opinar, es más para que ni siquiera se dé cuenta que algo está mal.

Permítanme decir una tontería: “A todos nos conviene que las cosas sigan así”. Si todos (desde el Presidente hasta el último que se incorporó al mundo informal del trabajo hoy por la mañana) nos aprovechamos del desorden y la corrupción, pues es mejor que nada cambie.

Pero estamos construyendo una sociedad en la que el único recurso que nos queda para hacer justicia es la violencia y la venganza… o aprovecharse también del río revuelto. Gritar y protestar es inútil porque quienes hacen las leyes viven en otra dimensión y jamás han vivido en carne propia qué es lo que se puede hacer con 90 pesos al día para mantener a una familia de cuatro.

Parece que ya me salí del tema, ¿o no?

Creo que no. Quisiera que el título de este par de páginas fuera: “México no ha podido”. Poniendo una nota de esperanza, pero mientras no seamos capaces de pensar en mentalidades diferentes como la de “ganar-ganar”, a mí que estoy en el poder, me parecerá lógico que el chofer de un autobús tenga que manejar 12 horas al día para juntar el viernes con el lunes; y será normal que un taxista tenga que llevar $500.00 diarios como cuota al propietario del vehículo para después empezar a cubrir los gastos de gasolina y finalmente si el día alcanza, apilar unos cuantos pesos para llevar a casa y es normal que Don Andrés tenga que seguir vendiendo nieve en la colonia industrial empujando cuesta arriba su carrito a los 84 años para poder comerse un taquito.

Y no se me antoja reciclar mi basura si quien se va a enriquecer es el concesionario de la basura, el gobernante quien recibe su tajada… y yo lo único que voy a ver son espectaculares que me dicen que “los miércoles se recoge la basura que no es basura…”

Y no puedo tener “conciencia” de mi situación si lo único que he visto en mi barrio es que la gente se levanta, trabaja, regresa, gasta el dinero y luego más de lo mismo… Además me regalaron una camiseta, una gorra, una torta y 200 pesos y hasta me pasearon y lo único que hice fue gritar en un mitin… ¿Cómo no darle mi voto a tan generosas personas?

Me he imaginado que nuestros gobernantes reciben miles de cartas cada mes y que esto les provoca miedo de no ser reelegidos o de no entrar en el presupuesto del estado… Hasta que nos den la oportunidad de expresar lo que pensamos, lo que sentimos; hasta que le den espacio a los expertos de varias disciplinas para que sean ellos quienes nos acompañen en procesos de crecimiento social que superen los intereses particulares o partidistas (no sé cuál de los dos sea peor), seguiremos diciendo que “México no puede”.

Me he imaginado que 50-60 km por hora es una velocidad decente para un boulevard urbano y que las calles internas de colonias no son autopistas.

Y sobre todo me he imaginado que todos y todas tomamos conciencia que una realidad diferente no sólo es deseable sino posible. Que Nueva Zelanda, Finlandia, Australia o Canadá no son naciones compuestas por personas de otras razas, sino por seres humanos como nosotros en donde también hay quien roba, pero en donde las normas son para ayudar a las personas y a la sociedad a crecer y no para que un diputado federal se lleve en su bono de Navidad lo que un trabajador ordinario no ve junto en toda su vida, jamás…

¿México no puede, no quiere o simplemente… no ha podido porque quienes pueden provocar un cambio no quieren? Y creo que por ahí van otros países también…

El análisis de la realidad con instrumentos apropiados es parte de las actividades que se realiza en varios talleres que se ofrecen en http://www.somosbuhay.com

Gerardo Antonio Díaz Jiménez. Copyright 2018. gerantoniodiaz@gmail.com Puede utilizarse sin fines de lucro citando el nombre del autor y la página web de referencia.


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