LAS PULGAS Y LA LOCOMOTORA

Dice un proverbio que escuché en Italia que “una pulga no puede detener un tren pero puede llenar de ronchas al maquinista”. Parece ser que este es el caso de la “Caravana Hondureña”. El proverbio quiere expresar por una parte la imposibilidad de un enfrentamiento entre partes desiguales, y al mismo tiempo la factibilidad de que algo pequeño pueda provocar un resultado inusitado.
Unos cuantos miles de personas se organizan y están poniendo en crisis a muchos países. Desde la perspectiva estadística el número de personas involucradas pudiera ser considerado insignificante. Salvo que cada persona (una sola, no necesitamos 5,000) es una historia de vida, una mente y un corazón lleno de esperanzas, de sueños.
Y como las de una buena parte de la humanidad, son vidas que no alcanzan a florecer, que no tienen espacio ni posibilidades para crecer pues han sido desde el inicio sofocadas por un sistema que hace más ricos a los que ya tienen y más pobres a los que nacieron sin bienes; que arrebata el sudor y la sangre de los débiles para que quien tiene la sartén por el mango pueda tener las manos y la conciencia limpias y bien perfumadas.
Así es el sistema.
Pero cuando el agua llega al cuello y lo único que te queda esperar es que la vida se acabe por sí sola, entonces los pequeños se organizan y lo menos que sucede es que quien tiene dos dedos de frente pueda entender que hay algo que no está funcionando… ¡Mucho!
Como escribió hace apenas unos días nuestro querido Julío Csar Okña, todos somos migrantes en este mundo y nadie puede sentirse ajeno a estas situaciones. Me parece que no hay neutrales en esta guerra: o somos víctimas o somos verdugos, aunque con gusto intercambiamos posiciones pues cuando nos conviene quejarnos de la situación somos víctimas inocentes y cuando podemos aprovechar las “oportunidades” que el sistema nos da, de muy buena gana nos convertimos en verdugos.
¡Animo hermanos hondureños! Sigan adelante, es una caravana que tal vez sea parcialmente detenida en las fronteras y que encontrará muchas puertas cerradas, pero que también se convierte en una provocación para muchos millones. Con el debido respeto, aunque haya quien los considere “pequeñas pulgas”, junto con todos los demás, serán el signo de inconformidad y esperanza.
Hombres, mujeres y niños pueden (podemos) detener esta grande locomotora que amenaza con llevarnos de paso, al mismo tiempo que nosotros mismos nos convertimos en el combustible que la alimenta.

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