LOS RIESGOS DE VIVIR

Vivir tiene sus riesgos y el más serio de todos es morir. Y tarde o temprano a todos nos llegará ese día. ¿A qué viene esto?
Hace poco más de una semana cuatro estudiantes de la universidad fueron víctimas de una situación en la que una explosión de gas los lesionó seriamente. Una de ellas falleció cinco días después y los otros tres jóvenes estaban con pronóstico reservado… y mientras escribo estas líneas llega la noticia que uno más acaba de fallecer.
En estos días al compartir en los diálogos con colegas y con otros estudiantes, surgen preguntas que quedan sin respuesta. Y parece que el plantearnos preguntas “lógicas” no tenga mucho futuro como camino para tener claridad. Al menos no las preguntas que exigen respuestas claras y directas.
Somos seres humanos y buscamos explicaciones. Y nos parece lógico que si alguien maneja a exceso de velocidad o en estado de ebriedad tenga un accidente. Hasta decimos que “se lo buscó” y frases parecidas.
Pero ver con impotencia que unos jóvenes al estar disfrutando un fin de semana con sus amigos terminen en el hospital con su vida comprometida e incluso se encuentren con la muerte nos ubica frente al límite último del ser humano.
Si alguien tiene respuestas claras y directas, tal vez estas vengan desde la parte técnica, que si una válvula no funcionó, o la chispa que inició el incendio en el caso que nos ocupa pues la causa del accidente fue la explosión de un tanque de gas en una casa alquilada… Las respuestas técnicas pudieran parecer suficientes para el juez, para el experto, para el lógico pero nos ayudan muy poco o nada cuando nos planteamos frente a la vida.
Al dialogar con otros y en mi reflexión personal simplemente me parece que se pueden identificar, -entre muchas más-, algunas pistas para vivir sensatamente:
En primer lugar me resulta insuficiente la respuesta “así es la vida”, y que “cuando te toca, te toca”… pues aunque sean ciertas, me parece que nos cierran la puerta en la búsqueda de la sabiduría;
Sin duda que nadie puede tener certezas absolutas para su vida. El que se casa no sabe lo que sucederá en su matrimonio, mucho menos en su familia. Su pareja sin duda cambiará (en su carácter, físicamente…) y tendrán que enfrentar situaciones inesperadas, luego llegan los hijos y el panorama se modifica nuevamente. ¿Entonces es mejor no casarse? O simplemente estar preparados para ir creciendo y caminando en la vida, cambiando y adaptándose.
Como un segundo aspecto: En la vida caminamos paso a paso. En los automóviles o aviones recorremos grandes distancias en poco tiempo. En la vida lo único que podemos hacer es caminar, cuando mucho correr, pero no más. En realidad el horizonte que alcanza nuestra mirada es aparentemente lo único que nos puede importar y es muy limitado. Siendo realistas al hacer un viaje, aún en automóvil lo único que necesitamos ver con claridad son los siguientes metros. Si es de noche serán tal vez 30-40 metros y el resto está en la obscuridad y a pesar de ello, con una visibilidad reducida podemos recorrer miles de kilómetros.
Una compañera de octavo semestre de otra carrera me compartió que es importante “Estar presentes”. Es decir vivir la vida conscientemente aprovechando las oportunidades que la vida nos da. Y aclaró: “Y no se trata de vivir en medio de excesos, consumo de alcohol, drogas sino de darnos cuenta que tenemos que vivir intensamente”. 
Y nos movemos así, caminamos así. Y Así quiero aprender de la vida. 
A la vuelta de la esquina nos puede caer un ladrillo en la cabeza o un ebrio puede chocarnos inesperadamente, e irresponsablemente quedar lesionados para toda la vida o morir. Sin que nadie pueda de verdad responder por lo que le pasa en la vida a quien vive ni explicar el porqué del que se fue.
Al vivir todos estamos ante dos riesgos radicales: el riesgo de vivir y el riesgo de morir. Frente al segundo no podemos hacer nada. Sabemos que la muerte es cierta, aunque el momento en que llegará sea incierto.
Pero frente al riesgo de vivir sí podemos hacer algo: decidir como vivir. “Vivir presentes”. Si estoy escribiendo y estás leyendo estas líneas es porque estamos vivos. ¡Vivamos! 
Mientras estamos en este mundo disfrutemos lo que nos puede ayudar a estar presentes y ayudar a otros a vivir conscientemente. Más allá del “carpe diem” de quien pretende no tener o de hecho no tiene pasado ni futuro, tal vez la tarea más importante de la vida sea encontrar la verdadera alegría la que va más allá de la vida loca.
Me quedo sin respuestas, pero con un deseo muy grande de ser solidario con miles, millones de personas que mueren “sin deberla ni temerla” que sufren por acciones que no fueron su responsabilidad. No es necesario conocer a quien haya sido tocado por estas situaciones (los familiares y las víctimas) para compartir la “humanidad” que todos llevamos a lo largo de la existencia y que terminará con la muerte. 
Y el deseo de ser humilde ante las preguntas que no tienen respuesta. Compartir nuestras experiencias puede ayudar pues la luz en estas situaciones difíciles nos puede llegar en cualquier momento y de cualquier púlpito. Tal vez la apertura al misterio de la vida y al Misterio sea una pista para quien anda buscando caminos para enfrentar el riesgo de vivir de la mejor manera.
Finalmente, y de manera directa, una palabra de aliento y de fe a quienes se ven involucrados directamente en esta tragedia que enluta y toca profundamente nuestra universidad y que de diferentes maneras toca la vida de muchas personas. 
Y una oración por quienes en estos precisos momentos están luchando por su vida y por quienes las apoyan en todos los sentidos.


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