¿Niños cirqueros? Un desarrollo ilimitado

Síntesis: Hay personas que no caben en la sociedad porque no son “normales” pues desarrollan capacidades extraordinarias. ¿Qué detiene a los demás seres humanos para alcanzar un pleno desarrollo, un desarrollo ilimitado? Hay capacidades del ser humano que la educación tradicional ignora pues el ser humano tiene múltiples posibilidades. ¿Qué habilidades promover en la educación de niños y adultos?

Muchos de los cirqueros son personas que tienen habilidades extraordinarias. Los trapecistas, malabaristas, prestidigitadores… desde niños han sido capaces, poco a poco, de caminar sobre una cuerda, mantener un número considerable de objetos dando vueltas alrededor de sus manos… Y generalmente nos causan estupor y admiración: “¡Mira cómo le hace!” “¿Cómo le harán para aprender eso…?” Y cambiamos canal o salimos del circo y nos olvidamos que son personas ordinarias como nosotros… o casi siempre pues en ocasiones hay predisposiciones genéticas, pero son la excepción.

Se encuentran en el momento presente de la humanidad casos clamorosos de personas que tendrían que haber terminado su vida encerrados en una casa o confinados a una cama pero que se han convertido en iconos de excelencia. Baste pensar en el australiano Nick Vujicic (Nicholas James Vujicic) que nació prácticamente sin las cuatro extremidades y es un orador de fama internacional y fundador de una organización que se llama Life Without Limits (Vida sin límites) o en Tony Meléndez (José Antonio Meléndez Rodríguez) que carece de las extremidades superiores, pero con sus pies puede realizar muchísimas acciones, incluso algunas que una persona con manos y brazos no hace con la misma destreza, baste ver la manera en la cual toca la guitarra, canta o conduce un automóvil.

Y seguramente todos conocemos a personas que tienen alguna discapacidad (o capacidad diferente) y que superan a quienes se consideran “normales” en muchos ámbitos.

Y surge la pregunta: ¿Qué es lo “normal” en el ser humano? ¿Hay un estándar que nos pueda dejar satisfechos, particularmente si pensamos en el proceso educativo?

A nivel personal, para un padre/madre de familia o un educador puede surgir la pregunta: ¿Qué habilidades se deben desarrollar en los niños y niñas, sobre todo una vez que inicia la educación formal en la escuela?

Hace unos meses me encontré con la frase de un autor ruso (Leontiev A. 1969 El Hombre y la cultura) que afirma:

El verdadero problema no consiste, por lo tanto, en las aptitudes o ineptitudes de las personas para asimilar la cultura humana, para hacer de ellas adquisiciones de su personalidad y contribuir a su enriquecimiento. El verdadero problema consiste en que cada hombre, en que todos los hombres y todos los pueblos, obtengan la posibilidad práctica de tomar el camino de un desarrollo ilimitado. Tal es el objetivo glorioso que ahora la humanidad, encaminada hacia el progreso se propone. Este objetivo puede alcanzarse.” (p. 28-29)

Un desarrollo ilimitado, una vida sin límites… ser capaces de aprender y desarrollar  múltiples aspectos de nuestra personalidad, convertirnos en seres humanos polifacéticos que aportan elementos nuevos y positivos a la cultura… ¿Es sólo un sueño?

¿Será positivo que una pequeña de tres años dedique una buena parte de sus energías al ballet  con clases tres veces a la semana… porque se le ve talento? ¿O que el único juguete que se pone en los pies de un niño de corta edad sea un balón, porque va a ser futbolista? ¿Y que sólo se dediquen a ello… o casi? Y es verdad que así se han desarrollado muchas figuras del deporte, del mundo del arte y de otros ámbitos de la vida humana.

¿No sería más interesante que los pequeños, una vez que han adquirido las habilidades básicas de movimiento, habla, relación social e independencia desarrollaran múltiples habilidades? Es decir ¿no sería ideal que contaran con ambientes que les permitieran explorar las diferentes áreas de la vida humana para que sepan llevar a cabo “lo normal” y también “lo extraordinario”?

De hecho en algunas culturas se desarrollan ciertas habilidades de manera ordinaria: en muchas regiones de África, Asia y Europa prácticamente todos los niños y por ende los adultos son bilingües o trilingües pues aprenden la lengua materna, el idioma oficial del país si es diferente y a veces un tercer idioma, todo sin problemas. En nuestro México muchos de nuestros hermanos indígenas que podían ser bilingües por cuestiones étnicas y culturales sienten que hablar su idioma autóctono es un límite, más que una ventaja. Se puede pensar en las habilidades que se desarrollan en la vida rural, o en un ambiente de pesca, caza; en una etnia donde brincar, correr o cantar son desarrollados de una manera particular, y todo esto sin vivir y trabajar en un circo.

Y una nota más: podemos favorecer este proceso sin que se convierta en una competencia contra otras personas. El límite y el punto de referencia es el mismo niño, eres tú mismo, somos cada uno de nosotros.

Pero la premisa es también clara: En cuestiones de cultura humana, sólo tenemos lo que recibimos. En otras palabras, al menos en los primeros años de nuestra vida, somos totalmente incapaces de crear cultura; los niños aprenden lo que ven, reciben lo que se les transmite y no más, esto es lo que los va humanizando, hasta que se llega a la edad de la discreción en la que cada persona ya toma rumbos de vida diferentes y puede incluso aportar elementos culturales nuevos a la humanidad. Es entonces clara la responsabilidad de los papás, de los educadores que han de considerar seriamente cual es el “paquete cultural” que se ha de transmitir a las nuevas generaciones a nivel de conocimientos, habilidades e inclusive de valores y creencias.

Tal vez sea impensable que todos los niños aprendan todo. Sería una vida muy estresante, pero si nos ubicamos ante las infinitas posibilidades que tiene el ser humano surge la pregunta: ¿Nos estamos quedando cortos en la educación que le estamos transmitiendo a nuestros hijos e hijas?

Si Helen Keller que perdió la vista y el oído a muy tierna edad logro aprender y hablar varios idiomas y alcanzar los más altos grados académicos, claro, con la ayuda de su mentora Anne Sullivan… ¿Qué podemos hacer para que un niño o una niña que tiene todas sus facultades al 100% pueda crecer y desarrollarse de una manera ilimitada?

Tal vez lo primero que podemos hacer es favorecer espacios educativos en la casa y en la escuela en los que los niños y niñas exploren, busquen, toquen, construyan, lo intenten y se equivoquen… Muchas escuelas ya lo hacen, como principio de su educación y muchos papás y mamás también. Pero en muchos otros casos lo que se pretende es que las criaturas se comporten “normalmente” y cumplan los estándares que la normatividad educativa exige, penalizando incluso a quien se adelanta.

Y seguramente queda la tarea de favorecer en los niveles superiores (después del kínder) la adquisición de habilidades “materiales” pues de momento nos preocupamos más de las “intelectuales” que son las que más reditúan a la larga en nuestra jerarquía de valores. Y el papel, las tijeras, la plastilina y los cubos, -por mencionar unos iconos de la educación infantil- se quedan en el cajón al terminar el tercer grado de pre-escolar. Si se abre el espectro de las habilidades que se valorizan en un ser humano se llegará a darle a más seres humanos la posibilidad de considerarse sobresalientes.

El mismo Leontiev que se había citado anteriormente nos dice que este desarrollo ilimitado sólo es posible si se supera la división entre el trabajo intelectual y material y se crea para el pequeño y para el adulto “un sistema de enseñanza que asegure su desarrollo multilateral y armonioso, que dé a cada cual la posibilidad de participar, de un modo creador, en todas las manifestaciones de la vida humana. Y así ha de ser el hombre de mañana”. (Ibid.)

Por curiosidad: ¿Eres capaz de recoger un trapo con los pies… como lo hacen las mujeres filipinas? ¿Sabes hacer una tortilla redondita y bien proporcionada como lo hace una mujer del ámbito rural mexicano? ¿Puedes sostener una canasta en la cabeza como lo hace el panadero… y su hijo? ¿Ya se te olvidó jugar a las canicas, al balero, al yo-yo…? ¿Qué habilidades “extraordinarias” tienes?

Y al final si se continúa la reflexión quedan más preguntas que respuestas: ¿Desarrollar una habilidad hasta el punto de la excelencia o muchas que puedan servir en diferentes ámbitos? ¿Qué valor darle a las habilidades sociales, materiales, artísticas… o a dimensiones del ser humano que no son redituables económicamente en nuestra estructura social actual? ¿Cómo integrar las inteligencias múltiples (Gardner H.) en un concierto educativo en el que el coeficiente intelectual sigue siendo el factor determinante?

¿Quién se encargaría de promover estas dimensiones si en muchos casos papá y mamá están trabajando todo el día y confían la tarea educativa a escuelas con grupos numerosos (particularmente las escuelas públicas) en los que es imposible que un maestro/a dé atención personalizada a cada alumno?… Y más preguntas que sin duda surgen porque no todos nacimos para hacer todo ni tenemos el gusto de hacerlo.

¿O mejor nos quedamos “normales”? Si tomamos esta opción, tomemos en cuenta que el futuro del mundo y el futuro de una nación dependen en buena parte de la educación que se les da a sus ciudadanos.

Y sin descalificar cuanto se escribió en estas líneas, es esencial recordar que finalmente, la tarea más importante que tenemos es aprender a ser felices.

Gerardo Antonio Díaz Jiménez © 2018 Puede utilizarse sin fines de lucro citando la fuente de referencia

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