La vida nos presenta retos y cambiar es inevitable, o parece serlo porque existe la opción de anquilosarse. Una simpática analogía para relajarse y crecer.
De manera breve y sencilla permítanme utilizar algunos simpáticos ejemplos de la naturaleza:
-¿Eres un camaleón?
Te mimetizas, te adaptas pero tus cambios son externos. Solo cambias color de piel pero tus actitudes y valores de fondo siguen siendo los mismos. Es decir: «Calladito/a te ves más bonito».
-¿Eres avestruz?
La imagen común -que no corresponde a la realidad – es la de un enorme ave que deja su volumen al aire y esconde su diminuta cabeza bajo la tierra. Cómo quien dice, «el cambio no existe» y espera que todo regrese a ser como antes: «No veo, no oigo, no hablo».
-¿Eres una serpiente?
Un animal astuto que en cuanto ve algo extraño se pone en posición y acción de ataque. Si algo nuevo aparece en mi entorno es mejor eliminarlo. Y si estoy solo/a me muevo mejor. Creo que lo mejor para movernos es seguir arrastrándonos, ¿o hay algo mejor?
Ante nuevas tecnologías que me superan puedo decir: «Son cosas del diablo».
-¿Eres tortuga?
Todavía haces las cuentas a mano y te preguntas si usar una calculadora será bueno o no. Vas tan lento que dejas pasar oportunidades valiosas.
En vez de seguir el flujo de vida que te provoca a moverte, puede ser que digas, cuando se habla de la juventud o los cambios de valores en la sociedad y desde la seguridad de tu caparazón: «¿A dónde vamos a llegar?»
-¿Te pareces a las liebres?
Vas tan rápido que no tienes tiempo de pensar y como tus reacciones son tan veloces pasas casi volando sobre factores y opciones que sería conveniente considerar y puede ser que estés dando vueltas y vueltas, corriendo sin sentido, pero sin llegar a ningún lado. Corres mucho, pero avanzas poco, atrapado en una rutina acelerada.
Si pensaras que tu velocidad te da ventaja, te detendrías un momento a nutrir tu cuerpo, tu mente, fijar metas claras y ahora sí: “A volar se ha dicho”.
-¿O eres como las canguras?
Aprovechas los recursos que tienes para crecer y dar vida. Las canguras pueden tener crías en tres etapas de desarrollo:
- Un embrión en pausa (diapausa embrionaria) listo para continuar su desarrollo cuando las condiciones sean favorables;
- Un pequeño canguro en el marsupio protegido, nutrido, creciendo seguro y preparándose para la independencia;
- Y un tercero ya caminando fuera pero tomando leche de la madre, preparándose para enfrentar los retos que le vida le va presentando.
Es esencial que frente a los cambios tengamos la nutrición adecuada, no solo física sino mental, emocional, intelectual y espiritual.
Siguiendo el ejemplo de las canguras, que producen tres tipos de leche:
- Una para las necesidades básicas del recién nacido… Sirve para quien está iniciando proyectos nuevos…
- Una más para el canguro que sale de la bolsa, para tener un crecimiento activo, una nutrición que favorece los factores de crecimiento;
- Una tercera para el canguro juvenil que lo prepara para la independencia total.
Hace unos 2,500 años Heráclito de Éfeso afirmaba que la única constante es el cambio: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”.
Cambiar o no cambiar no son opciones posibles: el mundo se mueve, el cambio llega inevitablemente aunque pretenda quedarme inmóvil o dejarme llevar la inercia. Por ejemplo a nivel físico inevitablemente cambiamos, y así para los demás ámbitos. En realidad son pocos son los principios que han quedado grabados en roca a lo largo de la historia y que consideramos inamovibles también a nivel personal.
Regresando con los simpáticos animalitos: ¿Quién eres? ¿A quién te pareces?
Así como la cangura, cada etapa de nuestra vida requiere una mentalidad y una preparación distinta para no estancarnos.
Al final, la decisión es tuya: ¿El cambio es una amenaza que te paraliza o la oportunidad perfecta para evolucionar?
Autor: Gerardo Antonio Díaz Jiménez – Puede compatirse citando la referencia. somosbuhay.com

