Comparto unos fragmentos de la enclíclia Magnifica Humanitas que hablan sobre los límites y el crecimiento humano que me han ayudado a acercarme a la original obra que es mi vida y de la cada uno/a, en esos aspectos que parecen ser límite, «pérdida» o cuando te sientes «cansado y agobiado»… Creo que estas líneas pueden dar mucha luz para entender la propia historia, particularmente esos momentos que cuesta más trabajo aceptar o integrar. Los comentarios míos son mínimos. Creo que vale la pena dedicar unos 10 minutos de reflexión a leer estas líneas del Papa León XIV sobre los limites y el crecimiento humano. Pueden también descargar el PDF y leerlo con más calma…
El evangelio dice, “Vengan a mi todos los que están cansados y agobiados, yo les daré descanso” (Mt 11:28). Hoy en nuestra sociedad, hablar de esto no es fácil. Parece que todo debe ser perfecto.
Quiero ir al grano, el Papa León XIV nos propone unos renglones que expresan claramente lo qué se puede hacer con lo que no es perfecto, con lo que es limitado, con lo que representa un límite.
Es un tema que me apasiona en mi persona y que encuentro muy significativo en las sesiones terapéuticas. De hecho, al final, aparte la referencia al documento completo (Magnifica Humanitas), propongo dos ligas: un texto en nuestra página de Internet y el segundo, un Tik-Tok sobre este tema que sirven como provocación a un taller que ofrezco que se titula: “Cambia tu pasado”.
Sin más preámbulos, aquí están las palabras del Papa que de manera directa hablan de este tema (los números corresponden a la nomenclatura oficial de la Encíclica):
El límite, el corazón, la grandeza del ser humano
118. Hoy nuestra relación con la vida parece estar en crisis. Todo lo que representa un “límite” —incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad— tiende a ser leído principalmente como un defecto que hay que corregir, más que como un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relación. En cambio, debemos recordar que el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite. Una visión de la realidad a la luz de la fe ayuda a reconocer lo que llamamos “contingencia” de las cosas de este mundo. Si por un lado es necesario tratar de eliminar el sufrimiento que marca la vida humana, por el otro, es sabio reconocer nuestra finitud constitutiva, sabiendo que «la experiencia religiosa, en particular la fe cristiana, proponen habitar sin simplificaciones esta ambivalencia entre la grandeza y el límite de lo humano, interpretándola a la luz de la relación originaria y fundante con Dios».
119. Es precisamente en nuestro ser limitados donde encuentran lugar la compasión, la sincera preocupación ante las necesidades de los demás, la generosidad que sorprende incluso en medio de la oscuridad y el fracaso, la experiencia espiritual y la adoración a Dios. Lo vemos en tantos momentos en los que el límite se hace tangible en nuestra vida: cuando recibimos un rechazo, cuando sufrimos a causa de la enfermedad o la muerte de una persona amada, cuando experimentamos la incapacidad o el error. Misteriosamente, es en estos casos que podemos encontrar una nueva sabiduría, palpar el afecto de las personas y experimentar la presencia del Señor.
120. Aun cuando el límite se manifiesta como dolor interior, la sensatez humana enseña a no negarlo ni eliminarlo, sino a integrarlo. Para eliminar totalmente el dolor sería necesario, a fin de cuentas, apagar también el amor y el deseo. Quien ama y desea, en efecto, no puede evitar atravesar la prueba y el sufrimiento, y por eso, a lo largo de los años conservamos en nosotros enseñanzas que quedan marcadas como cicatrices, memoria del camino realizado entre libertad y caídas, sueños y decepciones. Sólo gracias al entramado de estos elementos, se realizan en el corazón esas maravillas interiores que nos hacen saborear el gusto más dulce de nuestro ser humanos. Renunciar a esta aventura, al mismo tiempo dramática y espléndida, en nombre de una presunta superación de todo límite podría ser cualquier cosa, pero no significaría ser humanos. (…)
122. La finitud, cuando se acoge en la verdad, no empobrece al ser humano, sino que lo abre al reconocimiento del rostro de Dios y del otro. Por lo demás, precisamente porque experimenta el límite —la vulnerabilidad, el dolor, el fracaso— puede reconocer la dignidad propia y ajena como inviolable. Y en la misma experiencia del límite, sigue siendo capaz de intuir una fraternidad más grande que él mismo y de reconocer la injusticia como escándalo…
Hasta aquí estos párrafos que me parecen centrales. Claro que recomiendo la lectura de todo el documento. Aquí tienen la liga para descargarlo de Internet y disfrutarlo: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
Estoy convencido que si la máxima de Cicerón dice que “La historia es maestra de la vida”, sin duda alguna, mi propia historia es la mejor maestra que yo y cada uno de nosotros podemos tener.
Solo por no dejar, -como había mencionado-, les comparto la liga a un texto que escribí sobre el perfeccionismo https://somosbuhay.com/2022/04/18/el-perfeccionismo-es-un-signo-de-mediocridad/ y también a un tiktok que me parece oportuno https://vt.tiktok.com/ZSCnEuU4P/
Sigamos caminando juntos y construyendo un mundo mejor. Gerardo Antonio Díaz Jiménez – www.somosbuhay.com Puede reproducirse citando la referencia.