ENTRE NIVEL DE VIDA Y CALIDAD DE VIDA

Hace unas semanas un amigo mío de toda la vida -Julio César Ocaña Martínez-, publicó en su Facebook algo así (no volví a encontrar su intervención…): “Hace algún tiempo mi familia y yo decidimos que entre nivel de vida y calidad de vida, nosotros escogimos la segunda.”

Le pedí permiso para usar su idea y desarrollarla y me lo dio, así que por ahí va mi reflexión.

¿Qué entiendo con estas expresiones? Más allá de definiciones técnicas, se refiere en términos generales a dos estilos de vida que no necesariamente son contradictorios, pero que sí se excluyen en ciertos momentos.

Nivel de vida lo entiendo como vivir a la moda, con el último celular y la última computadora, vacacionando en los lugares a donde va la gente importante, vistiéndose con ropa de marca, comportándose “como la gente que cuenta” y con una nota particular… casi todas estas cosas que dan “calidad de vida” cuestan, y cuestan mucho dinero. y no creo que haya que decir mucho más pues la lista es interminable.

Tener calidad de vida en cambio disfrutar lo mucho o poco que tienes, significa ser feliz, vivir en armonía con tus seres amados, saber que tienes personas en las que puedes confiar sin que medie el dinero, el prestigio o el poder. Significa tener lo necesario para una vida digna sin que necesariamente esto signifique lujos, privilegios o exclusividad. Igualmente, hay muchas cosas que en la vida nos hacen disfrutar y que nos dan satisfacción.

Una cosa no excluye necesariamente a la otra, pero hay algunas notas muy interesantes que subrayar:

Por lo que se refiere al “nivel de vida”, efectivamente es exclusivo y de alguna manera excluyente. No todo mundo tiene el poder adquisitivo para una bolsa o una corbata de 4,000 (pesos o dólares, lo que quieran) ni para vacacionar en un hotel de cientos de dólares por noche; da mucha satisfacción gozar y tener un masajito al llegar a tu cuarto, darte un sauna en un lugar exclusivo y manejar un coche con características que jamás utilizarás.

Si quieres vivir de acuerdo a un cierto nivel nunca tendrás lo suficiente y estarás en una carrera de ratas (perdón por los animalitos) que nunca terminará. Hay profesionistas y empresas que se especializan en desarrollar estrategias para poder tener tu dinero, tu tiempo y son muchas las carreras universitarias que tienen como finalidad diseñar, producir, motivar a los millones de clientes que están buscando “algo más”.

Si tienes todo el dinero del mundo puedes mantener ese “nivel”, de otra manera te conformarás con ir al centro comercial a ver todo lo que no puedes comprar y saldrás frustrado y a lo mejor hasta peleado con tu papá o tu hijo/a por lo que no puedes tener, pero otros sí  tienen. En otras palabras tener o pretender un cierto nivel de vida puede provocar grandes satisfacciones, orgullo hasta el punto de la soberbia así como envidia, ira e insatisfacción

Tener un “alto nivel de vida” es perfectamente legal. No hay ningún crimen en gastar tu dinero como te dé la gana y es sin duda satisfactorio “sé que lo valgo”. Aunque en muchas ocasiones los excesos atentan contra la ecología y el sentido común.

Por lo que se refiere a la “calidad de vida”… bueno, pues puede ser gratis. Es más, la mayor parte de las cosas que hacen feliz a una persona no cuestan ni un solo centavo. ¿Qué te hace feliz y te deja plenamente satisfecho/a? Disfrutar la sonrisa de un niño, saborear un platillo en una mesa familiar (¿se les antoja un mole con arroz o una carne asada un domingo en la tarde?). Calidad de vida es buscar las cosas que nos dan salud, que desarrollan nuestro intelecto, que nos permiten expresar nuestros afectos más allá del mercantilismo. Y no se refiere principalmente a las condiciones de una persona en estado terminal, sino a todos los años de vida en los que podemos trabajar, hablar e ir al baño sin ayuda…

Calidad de vida es retomar las metas familiares originales de amor, respeto, apoyo mutuo, fidelidad y aplicarlos diario, en casa. Es disfrutar de las pequeñas cosas y reírse de sus propios errores (“quien aprende a reírse de sí mismo, nunca terminará de divertirse”). Y si tomas tus opciones con serenidad, no tendrás ningún sentimiento negativo, ni siquiera te sentirás humillado cuando alguien te haga notar despectivamente que saliste a hacer ejercicio con unos tenis sin marca.

Me encontré en un cierto momento de mi vida con una señora de unos 35 años, que tenía más de 10 de casada y que se lamentaba mucho de su marido y de lo poco que la tomaba en cuenta. Le pregunté, “¿Qué es lo que quisiera que su marido hiciera por usted?” Me esperaba una respuesta del tipo: “Que me lleve a Cancún o a comer en un restaurante de lujo…”. Pero su respuesta fue: “Lo que se me antoja es que un domingo en la tarde me invite a la plaza a comer un elote, que nos sentemos en una banca tomados de la mano… eso es todo, pues eso hacíamos de novios cuando no teníamos dinero, pero nos teníamos a nosotros mismos. Ahora tenemos muchas comodidades, pero perdimos otras cosas importantes”. ¿Perdió calidad de vida?

¿Son incompatibles? Posiblemente no, pero me parece que cada uno de nosotros tendríamos que ponernos seriamente esta pregunta a nivel personal y familiar: ¿Qué es lo que queremos para nosotros y nuestras familias? ¿Hacia dónde vamos a orientar nuestras energías, hacia un nivel de vida o hacia la calidad de vida?

Quien elige la segunda opción tiene que estar consciente que va contra corriente. La cultura contemporánea condiciona nuestra mente y nuestros sentimientos para hacernos sentir que si no traemos ese par de zapatos o ese determinado vehículo… no valemos. Vivimos en un mundo que está diseñado para consumir, para tener, no para ser.

Personalmente me motiva más vivir con tranquilidad que trabajar y desvelarme para tener cosas que en realidad son secundarias. Experimento en mi vida personal y familiar que es una decisión que tomamos diariamente, aunque no la hacemos siempre explícita. Quiero calidad de vida, eso es claro y prefiero comprar un kilo de camarones, cocinarlos y disfrutarlos en casa a pagar los mismos 300 pesos por 6 camarones en un platillo “gourmet”. Pero también celebramos y disfrutamos cuando vamos a un restaurante para una ocasión especial aunque no publiquemos en el face ni lo uno ni lo otro.

Gracias Julio César Ocaña Martínez por hacerme pensar. ¿Alguien más se anima a compartir?

Gerardo Antonio Díaz Jiménez gerantoniodiaz@gmail.com

Somos Buhay te ofrece el taller “Valores en la familia” y otros recursos para apoyar estos procesos en tu vida personal y familiar.

 

Para profundizar y pensar:

A nivel técnico, la ONU ha establecido criterios para determinar: “El índice de Desarrollo Humano (IDH) [que ] es un indicador sintético de los logros medios obtenidos en las dimensiones fundamentales del desarrollo humano, a saber, tener una vida larga y saludable, adquirir conocimientos y disfrutar de un nivel de vida digno.  http://hdr.undp.org/es/content/el-%C3%ADndice-de-desarrollo-humano-idh

“Finalmente, el foco debe estar en qué vida conducimos, en lo que podemos o no hacer y en lo que podemos o no ser” Amartya Sen (The standard of living)


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